viernes, 10 de febrero de 2017

En mi tatarabuelo, Don Juan Piñero del Castillo, se cumple la más grande entrega: DIOS - PATRIA- FAMILIA.



“Un ilustre hijo de Córdoba, olvidado: 
Don JUAN NEPOMUCENO PIÑERO Y DEL CASTILLO”

 por Gontrán Ellauri Obligado


Entre la pléyade de hombres superiores por su capacidad y patriotismo, surge la figura culta, pulcra y consular de don Juan Piñero del Castillo, quien puso al servicio de la colectividad todo su caudal moral e intelectual, que era precioso para concurrir al logro de sus altos anhelos de civilidad y progreso. Justo es entonces que lo recordemos y echemos una ojeada siquiera sobre su vida, en la que dominan la abnegación y el civismo. A la par que un ejemplo, es un tributo de gratitud merecido. Ha aquí pues, la talla moral de este argentino digno de su patria y de la raza. (Hay foto: copia de una estampa antigua: Dn Juan Piñero del Castillo Gobernador Delegado de la Provincia de Córdoba en 1865).

Doña Gertrudis Rojo de Piñero

Hijo de don Félix Dalmacio Piñero y de doña Justa Pastora del Castillo, nació en la ciudad de Córdoba el 16 de mayo de 1817. Heredero de la probidad proverbial de su progenitor y de sus virtudes y el talento de su señora madre, cuya casa –la misma que habitaran los jesuitas expulsados en 1848- era un verdadero jubileo de doctores, teólogos y estudiantes aventajados de la Universidad y del Colegio de Monserrat, pronto descolló por su inteligencia clara y por su patriotismo.


De ahí que un acontecimiento, el que conmovió a la República entera, con la caída de Rosas, el tres de febrero de 1852 debiera encontrar naturalmente, un eco simpático en su corazòn. 

La juventud cordobesa después de Caseros ardía en deseos de pronunciarse en pro de la revolución, y librar, por ende, a la provincia de la presencia del Coronel Manuel López, llamado comúnmente “López Quebracho”, y que era uno de los baluartes del “Restaurador de Leyes” en la luctuosa época de la tiranía, y que confirmaba imperando en Córdoba contra la voluntad del pueblo, que había dado muestras de sus justos anhelos de libertad en una manifestación pública de regocijo por su derrocamiento, en Buenos Aires, del cruento dictador. 

Y la idea de revolución que estaba en todos los cerebros, haciendo palpitar los corazones en un ansia indescriptible de libertad, vino también -como era de esperar- a anidar en el alma de Juan Piñero que, desde entonces tomó una parte muy activa en los prolegómenos del movimiento que se preparaba contra López. 

La revolución estalló por fin a las cinco de la tarde del 27 de abril de 1852, y fue tal su organización, que sólo bastó una ligera lucha para rendir las fuerzas del gobierno. 

Al día siguiente, el coronel Manuel Esteban Pizarro, que había sido de los directores del movimiento /(el otro fue el Cdte. de “los Cívicos” Don. Manuel Antonio Zavalía) y que a la sazón desempeñaba la comandancia general de Armas y el Dr. Tomás Garzón, Primer Alcalde, expidieron un decreto nombrando a don Alejo Carmen Guzmán, Gobernador provisorio hasta el 27 de junio en que fue confirmado en el cargo por la Honorable Sala de Representantes. 

El dr Guzmán despachó a don Juan Piñero cerca de Urquiza que, como ya es sabido, después de Caseros asumió el mando de la Nación, -a fin de comunicarle el cambio operado en el Gobierno de Córdoba por la soberana y unánime voluntad del pueblo. 

Piñero acompañado de don Juan Peitado, se trasladó a caballo a Buenos Aires y se entrevistó con el vencedor de Rosas; pero éste lejos de aprobar el proceder del pueblo cordobés se mostró asazmente fastidiado y ordenó al Cnel. Salas marchara inmediatamente a Córdoba a reponer a López en el Gobierno Provisional. 

Empero Piñero durante el viaje de retorno, unióse a Salas, y con su carácter bondadoso y franco le atrajo a la causa, de tal forma, que cuando llegaron a Córdoba Salas se hospedó en casa de Piñero, así como también toda la oficialidad que le acompañaba!... 

Sin embargo, el general Urquiza intentó nuevamente reponer a López en el mando, pero fracasó otra vez, con la huida de su comisionado, Cnel. Bustos; Córdoba es declarada por fin independiente, y, esto merced a la prudencia y al coraje de Piñero, que tan atinada y oportunamente logró atraerse al enviado de Urquiza, que si bien era inepto como hombre, no lo era como soldado. (p.378 5º párrafo: FOTO Sra. Gertrudis Rojo de Piñero esposa de dn Juan Piñero y una de las más bellas y cultas damas de su tiempo. Reproducción de un cuadro al óleo 1850 

Otro hecho, en que Piñero tomó también una parte activa y honrosa para la lealtad y el patriotismo que demostró en su conducta, fue la revolución que puso en inminente peligro la estabilidad en el mando de la Provincia del Gobernador Roque Ferreyra. 

 “Al oír Piñero –cuenta un testigo presencial de la jornada- la llamada general que se tocaba para hacer saber al pueblo que sus autoridades legales eran desconocidas, estaban a punto de ser derribadas por la fuerza, tomó su fusil, y mostrando los suyos a sus hijos Carlos y Juan: ¡ “a la plaza muchachos”!-les gritó y en unión de ellos abandonó precipitadamente su casa, situada en la calle 27 de Abril, entre Universidad y Representantes. Pero al llegar frente a Santa Catalina, viendo desembocar de la Callejuela una partida de revolucionarios, se aprestaron a disparar sobre ellos. Mas su intento fue vano: en la precipitación de la salida habían olvidado las cebas! Los revolucionarios, aunque sin hacer fuego, los atacaron, sin embargo, arrinconándolos en una puerta, y mal les hubiera ido a no haberse adelantado de entre aquellos, un negro que había sido soldado de Carlos Piñero, entonces Capitán de la Guardia Nacional, el cual, interponiéndose para defenderlos y cubrirlos, gritó:”¿No maten a mi Capitán!” 

Don Juan Piñero ha ilustrado también su nombre como Municipal e Inspector General de Escuelas de la Provincia, en cuyos cargos ha dejado huellas imborrables de su probidad, talento y patriotismo. Fue fundador de la Biblioteca Municipal el 20 de agosto de 1864; de la Escuela Infantil para Niños de ambos sexos, que regenteó la Sra. Etelvina Meana de Martínez y de la Escuela Nocturna e Instituto de Obreros que puso bajo la inteligente dirección del P. Gallios. 

La campiña cordobesa débele, también, la fundación y organización en ella de varias escuelas, lo que en aquellos tiempos de embrionaria labor intelectual, significaba, un gran paso en la vía de la cultura social 

Cuando con motivo de la inauguración del Colegio Nacional de Tucumán, el 1º de Marzo de 1865, creado en virtud del Decreto del presidente Mitre, fecha 9 de diciembre de 1864, fue comisionado por el gobernador Ferreyra en su carácter de Inspector General de Escuelas para asistir al acto en nombre del Gobierno de Córdoba. 

Así pues, don Juan Piñero hizo acto de presencia en aquella, a todas luces, tocante ceremonia, la que debió conmover, sin duda alguna, todas las “fibras” del alma popular, y vibrar todos los “nervios” del espíritu público… Entonces pronunció un discurso que es una pieza oratoria de gran vuelo filosófico, por su fondo meduloso y profundo, siendo también, una bella pieza literaria, por su estructura medular y enjundiosa! Se advierte en ella, desde luego, que hay una vasta y erudita predilección del grave y complejo problema educativo, es decir, que fue de don Juan Piñero, la alta y fuerte palpitación que provoca siempre el noble y generoso sentimiento por el progreso y el fundamento civilizador de la masa juvenil de las sociedades que aspiran constantemente a su engrandecimiento; sociedades que en su civilidad y en su comprensión cada día más amplias, más exigentes, con visual de percepción tan clara, del presente y del porvenir, que como es clara y reconfortante el agua diamantina y pura de los manantiales en donde abrevan, ansían que la masa juvenil marche y se oriente, sin desmayos ni desviaciones, en ningún momento, por la ruta del deber y del honor, y, a veces, hasta del sacrifico, por llegar noblemente a la meta.


Fue, así mismo, autor del “Reglamento General para las Escuelas Públicas de Instrucción Primaria de la Provincia”, y de los “Exámenes para los Maestros”, trabajos ambos, que elevados a la consideración del Gobierno, merecieron su amplia aprobación por Decreto de fecha 4 de diciembre de 1865, signado por el Gobernador Ferreyra y su Ministro de Gobierno dr. Mariano Echenique; y la autorización de éste último, a su talentoso autor, para imprimir, por cuenta del erario provincial, de 400 ejemplares encuadernados, con tapas de cartón y 400 sueltos en hojas, del supradicho Plan y Reglamento. 

Estos son sus principales actos de Inspector General de Escuelas, que prueban inconcusamente, su anhelo constante por ofrecer a su provincia natal los mejores y más modernos planteles de educación pública. 

Empero, de este honroso cargo hubo de renuncia en 1865, para aceptar la cartera del Ministerio de Gobierno

Fue, pues, durante su ministerio que ocurrieron las sublevaciones del Batallón “Córdoba Libre” comandado por don Romualdo Pizarro y don Agustín Olmedo, y en ocasión de marchar a incorporarse al grueso de las fuerzas nacionales en operaciones contra el tirano del Paraguay, sublevaciones éstas que dieron margen al Presidente Mitre a proferir su célebre frase: “- Córdoba no sirve ni para la paz ni para la guerra-“

Estos y otros hechos que ocurrieron en ese año memorable de 1865, demostraban debilidad en el gobierno de Ferreira, y, comprendiéndolo así éste, quizá, fue que se resolvió a delegar el mando en su Ministro de Gobierno, lo que hizo el 16 de diciembre de 1865.

Como un aporte valioso a la historia institucional de la Provincia transcribimos el documento respectivo, inédito hasta el presente el que nos ha sido facilitado, con tal objeto por uno de sus distinguidos descendientes, el culto caballero Daniel Novillo Piñero. Dice así: a la letra copié: “Departamento de Gobierno Nº 207, Córdoba diciembre 16 de 1865.

EL Poder Ejecutivo de la Provincia debiendo salir a campaña a la visita Gubernativa, el Gobernador Propietario como lo prescribe el art. 481 de la Constitución de la Provincia Acuerda y Decreta:

Art.1º- Queda delegado el mando Gubernativo de la Provincia, durante la ausencia del Señor Gobernador Propietario, en la persona de don Juan Piñero.

Art.2º- Comuníquese, etc…Firmado: Ferreyra. Mauro Echenique, José Antonio Álvarez de Condarco, oficial mayor.

Con esta medida de rigor, logró impedir nuevas asonadas, que pudieran perturbar la buena marcha del gobierno. Dominó la situación, en tal forma, que sobreponiéndose a las circunstancias difíciles por las que atravesaba el gobierno de Ferreira, sumamente combatido, -dice uno de sus biógrafos- “contó en todo momento, con la simpatía popular”

Pero, el 14 de abril de 1866, habiendo regresado el gobernador titular después de su visita a los departamentos del interior, Piñero cesó en sus funciones, en el desempeño de las cuales tanto había hecho, y pudo haber seguido haciendo a la Provincia. Estos son trazados a vuelo de pluma, los hechos más culminantes como funcionario.

Veamos ahora algunos otros actos que revelan ilustración, civismo y virtud. Actuó también, como periodista, y, en calidad de colaborador de “El Eco de Córdoba” y fundador de un periódico político titulado “La Opinión” durante la administración del primer Gobernador constitucional de la Provincia Dr, Alejo del Carmen Guzmán, tuvo triunfos muy honrosos.

Moderado, justo e imparcial, fue siempre en sus apreciaciones y juicios acerca de la marcha del gobierno, a tal extremo que cuéntase que en cierta ocasión, antes de combatir al gobernador Guzmán por actos que creyó censurables, se apersonó a éste, declarándole que iba a combatirlo y pidiéndole, por lo tanto, explicaciones sobre aquellos, las cuales, quizá, pudieran modificar la opinión que tenía él formada al respecto. El Gobernador satisfizo tan acabadamente –explicándole las razones y móviles de aquellas medidas, que Piñero desistió de sus proyectados ataques, Recordando los sucesos él dijo que a no haber mediado tal proceder de su parte, aconsejado por la prudencia, habrían sido injustos y producido naturalmente las consecuencias que traen consigo los juicios humanos cuando son ligeros y no van acompañados del sano criterio.

Fue también, autor de un proyecto de “Diccionario”, nuevo sistema tecnológico-dispositivo de colocar y registrar las palabras del diccionario comunes, con el método elemental para adquirir y recordar a la vez, el conocimiento de ellas, como igualmente el de sus ideas representativas. De esta obra que mereció la aprobación de las personas competentes en la materia, a quienes había consultado, y en cuya confección ocupó los últimos años, no conserva la familia sino un cuadernillo, manuscrito, de 55 páginas conteniendo el plan de la obra. Lo demás se perdió desgraciadamente.

En 1867, comprendiendo que la patria, y sobre todo su provincia natal, estaba en deuda con uno de sus más preclaros hijos, el brigadier José María Paz, lanzó conjuntamente con su hermano político, general Anselmo Rojo, la iniciativa de una suscripción popular, a fin de allegar los fondos necesarios para la erección de una estatua del prócer en Córdoba, contribuyendo cada uno con la suma de mil pesos ($ 1.000.-).Pero la idea aunque acogida al principio con gran entusiasmo, sobretodo por los oficiales que se hallaban en Córdoba, muchos de los cuales habían combatido a las órdenes de Paz, hubo de postergarse con motivo del flagelo del cólera que en ese año asoló a la población.

Sin embargo, les cabe a Piñero y a Rojo ser los iniciadores de tan patriótico, cuanto simpático monumento, a favor del benemérito héroe de Ituzaingó y La Tablada, llevado a feliz término, veinte años después.

Como broche final y digno de la preclara existencia de don Juan Piñero, relataremos un hecho en el que él fuera protagonista y como prueba, una vez más, sus elevados sentimientos y su heroica abnegación en el que él rindiera la vida en pro de sus semejantes.

Pertenecía al Cuerpo Municipal, cuando el cólera comenzó a diezmar la población, y, en vez de huir a la campiña, como lo hicieran sus colegas, amedrantados ante el peligro que les ofrecía el cumplimiento del deber, quedó solo en la ciudad con don Nicolás Peñaloza, para prestar sus servicios personales en esos momentos angustiosos.

Cientos de atacados morían diariamente, víctimas de ese enemigo formidable, terrible, desconocido, y, seguramente, que se hubiera multiplicado el número de difuntos al no haber mediado esos dos beneméritos soldados del Deber y de algunas otras personas que los acompañaban.

Y fue, pues, en la tarde del 27 de diciembre, al recorrer, como de costumbre, en su piadosa misión, las calles de la ciudad abandonada y silenciosa, para ir de puerta en puerta a ofrecer sus servicios, que encontró en una calle, apartada dos cadáveres que desde hacía dos días se encontraban allí abandonados, sin que nadie se atreviese a darles sepultura.

Verlos Piñero y mandar que los recogieran, fue todo uno, ayudando personalmente a la operación, a pesar de las advertencias que le hacían sus acompañantes, Sin duda esos cadáveres estaban en estado de putrefacción pues, al retirarse Piñero al templo de San Francisco, donde habíase establecido un Lazareto, sintióse enfermo y a pesar de la insinuación que allí se le hiciera no quiso quedarse. Por el contrario, continuó sus visitas, en medio de la lluvia que, torrencialmente caía esos días sobre la ciudad inundando sus calles.

Pero al pasar frente a la Escuela Infantil, sita en la calle Ituzaingó entre las de San Juan y Entre Ríos, sintióse asaz mal, y penetró en ella por una taza de té, pues ese Establecimiento se había convertido en algo así como depósito de artículos para asistencia de los coléricos. Una vez allí, se le preguntó si deseaba que comunicaran a su familia lo que le ocurría, para que viniesen a prestarle los auxilios del caso; pero él deduciendo que no era nada, se negó, encaminándose hacia la salida con el intento –que dijo- de ir a visitar a sus hijos que se hallaban atacados de la peste. Mas al llegar a la puerta fue presa de una descompostura que lo obligó a desistir de sus propósitos.

Este fue el postrer esfuerzo de Piñero.

Atendido inmediatamente, se comprobó que era un caso de cólera fulminante. Y a las 7 de la mañana del día siguiente, entregaba su alma al Creador, en aquella misma casa que él fundara en su benéfico apostolado de modelador de almas. Ella fue su primera tumba, pues hoy, debido al amor filial sus restos descansan en el Cementerio de San Jerónimo

 Algún día pasarán al panteón de los CORDOBESES ILUSTRES donde se reunirán las cenizas de los hijos predilectos de la Provincia de Córdoba.

EL LAICO Y SU APOSTOLADO. 

En una licenciatura sobre la Municipalidad de Córdoba, el autor se refiere a la epidemia del cólera, dice "en la emergencia la Corporación contó con la valiosa colaboración de la Sociedad de Beneficencia y de distintos conventos de la ciudad que fueron habilitados como lazaretos, entre ellos San Francisco y La Merced.. A fines de diciembre de 1867, entre el número de víctimas, se encontraban dos municipales." Se informa en "Historia de Córdoba" de E. Bischoff, quien no nombra a los fallecidos, quienes merecen nuestro eterno agradecimiento y que se los recuerde como ejemplo de vida, de amor al prójimo; no es que se contagiaron estando encerraditos en sus casas o huidos al campo, como muchos con cargos hasta gubernamentales lo hicieron; se quedaron cumpliendo una misión, un apostolado. Ellos fueron don Nicolás Peñaloza y Juan Nepomuceno Piñero. 

del Eco de Córdoba -5 enero 1867. "El último colaborador que nos acompañaba, el digno municipal que se encargara de la dirección del Lazareto de San Francisco, nuestro distinguido amigo el Sr. D. Juan Piñero, ha caído también a los golpes del flagelo. 

Dulce es morir por la patria, pero más dulce por la humanidad, y como un creyente sincero. Para los que así inclinan su frente para no levantarla sino el día de la tremenda ira, en el cielo hay galardones y es cuanto el cristiano puede ambicionar. 

Reposad en paz, noble amigo, que la última página de vuestra vida no la olvidarán los que os sobrevivirán, como un ejemplo que legáis a los que ocupan un puesto de honor. del Eco de Córdoba - 18 de enero de 1867. Hechos diversos. También la Municipalidad ha pagado en el personal de sus empleados, el tributo debido a la epidemia reinante. Tenemos que lamentar la pérdida de dos municipales, los señores Peñaloza y Piñero y cuatro más. 

Excusado es decir y elogiar el noble comportamiento de todos ellos en el desempeño de sus funciones en los momentos más angustiosos para la población. 

La gratitud pública en su más alta expresión les corresponde a ellos y si es verdad que moran en la mansión inmortal también lo será que sus nombres no se borrarán jamás de la memoria de cada uno de los que socorrieron con toda prodigalidad y solicitud. 

ES DE NOTAR QUE FALLECE EN LA ESCUELA PARA NIÑAS QUE HABÍA FUNDADO.

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