domingo, 19 de febrero de 2017

VETERANOS DE LA FRONTERA. Retreta del Desierto. Su ejecución nos evoca un profundo significado; la nostalgia de la gesta gloriosa, emoción simbólica y guerrera, legada por los que vertieron su sangre por años al suelo que los vio nacer.


"Desde las luchas por la Independencia Nacional, hasta la guerra por recuperar las Islas Malvinas, fueron muchos los argentinos que dieron su vida por defender la Patria; lo hicieron por millones de compatriotas, contemporáneos y venideros, demostrando una valentía suprema y un amor inconmensurable. En los libros de historia sólo podemos encontrar unos pocos nombres, que se han destacado por su acción. Hoy nosotros queremos rendir un merecido homenaje a esos soldados desconocidos, que no figuran en libros, diarios y revistas, pero que murieron en suelo de nuestra Patria y nos representaron a todos los habitantes, tan dignamente, defendiendo nuestros derechos. Sólo podemos expresar, además de nuestro recuerdo, un

¡Viva la Patria!


En la campaña del Desierto –año 1879- tiene su origen la Retreta del Desierto, y su ejecución nos evoca un profundo significado; la nostalgia de la gesta gloriosa, emoción simbólica y guerrera, legada por los que vertieron su sangre por años al suelo que los vio nacer. 

En aquel entonces, era costumbre que al finalizar la lucha, las tropas se reunieran en el mismo campo de batalla o bien en el vivac, para celebrar la victoria; elevar a Dios las oraciones por los camaradas que ofrendaron su vida por la patria, a implorar gracia y protección para sus personas y los seres queridos dejados en el hogar, formalizando el fiel compromiso de darse por entero hasta ver cumplida su misión. 

En la expedición al Desierto efectuada por las fuerzas al mando del general Roca, en la Orden del Día emitida el 26 de abril de 1879 en Carhué y, dirigida a los soldados del Ejército Expedicionario al Río Negro, instaba a todos a cumplir con el sagrado deber que la Patria imponía en aquellas circunstancias, terminando con estas palabras “Soldado del Ejército Expedicionario: antes de dar el primer paso sobre la ruta del Río Negro, os invito a dar un “viva” a la Patria. 

 El 28 de abril a las 7hs, se rompió la marcha tomando hacia el Sur, a paso largo y trote. El 24 de mayo, las tropas llegaron a las barrancas del Río Negro en Choele Choel. En el amanecer del día 25, las dianas saludaron a los próceres de Mayo, en el dilatado valle de nuestro río epónimo. El general Roca elevó sendos partes al presidente Avellaneda y al ministro Campos, informando el feliz arribo. Divisiones y partidas a cargo de los coroneles Levalle, Racedo, Lagos y Uriburu y Cap. Daza, exploraban mientras tanto los campos del Colorado, el general Roca dirigió una intimación al cacique Reuquecurá, por haber abrigado al rebelde Namuncurá. 

En Choele Choel encontró tropas del contralmirante Guerrico, que había remontado el Río Negro en el vapor “Triunfo”, sin haber sufrido ningún inconveniente. El general Roca decidió efectuar un reconocimiento hacia el Oeste en dirección a la confluencia del Limay con el Neuquén, quedando las tropas acampadas en Choele Choel. Lo acompañaba una escolta de 100 bravos soldados, su Estado Mayor y la Banda del 6º Batallón de Línea. El 2 de junio se iniciaba la marcha. El desplazamiento se hizo penoso. Las jornadas muy fatigosas. El terreno quebrado y accidentado impuso sacrificios a las tropas y desgastó la caballada. Las partidas organizadas arremetieron contra el frío, el viento y la nevada. La misión del Comandante había que cumplirla. 

En las últimas jornadas de la empresa, las tropas perdieron el contacto. El viento y el frío arreciaron sin cesar. Se pretendía afanosamente establecer contacto con los extraviados y no se lograba. Las esperanzas con las últimas horas del día empezaban a desvanecerse. El presagio de la tragedia asolaba en todas las mentes. Atardecer triste, oscuro, frío y profundamente silencioso. Los fogones criollos de las tropas calentaban el churrasco y el mate reparador de tantas energías perdidas. 

Un lejano toque de atención de clarín perdido en la inmensidad del desierto encendió los corazones y aguzó los sentidos de los centinelas y de las tropas. Al toque de atención siguieron otros que en llamado desesperado pretendieron guiar al extraviado. Poco a poco la nitidez de las clarinadas vislumbraron la hora del reencuentro. Las llamaradas de una gran hoguera dibujaron en la noche el rumbo salvador. La incertidumbre se disipó, y las tropas detrás de sus trompas y tambores, lograron su reencuentro. El Comandante, reunió a la banda del 6º de Línea y ordenó un toque de oración en acción de gracias. 

La Retreta del Desierto es una composición ya patrimonio del archivo musical del Ejército Argentino. Alcanza su actual estructura a través del tiempo por el aporte, si se quiere pequeño pero valioso, de varios autores, músicos anónimos, que fueron los abnegados propulsores de las bandas y fanfarrias, que vivieron, sintieron y expresaron con el lenguaje del más allá, hechos y axiomas propios de nuestra historia.



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