lunes, 20 de marzo de 2017

VETERANOS DE LA FRONTERA.19 DE MARZO DE 1919 ATAQUE AL FORTIN YUNKA.





El 19 de Marzo de 1919 Nasoquí (Camasoiquí o Qanasoqui') conocido como Garcete un cacique pilaga ataca traidoramente el viejo Fortin Yunka y a golpes de macana y deguello acaba con casi todos sus ocupantes. 

Nació en Formosa hacia el año 1893. Hijo del cacique Isquis, su nombre era Nasoquí (Camasoiquí o Qanasoqui'). Adoptó el sobrenombre "Garcete" en homenaje a su amigo Juan Garcete, un comerciante español radicado en Asunción, Paraguay. 

Llegó a ser el líder indiscutido de la etnia pilagá que habitaba en la zona de Salto Palmares (Formosa), su centro era el Pozo de Navagán. En la época de la maduración de la algarroba, sus gentes solían reunirse en un lugar denominado yomaqá o yomqá, para celebrar las fiestas de la aloja y realizar alianzas matrimoniales, políticas y económicas. En ese sitio sagrado el ejército argentino levantó, en 1912, el Fortín Yunká -del pilagá yomaqá-, hoy Fortín Leyes. 

En ese entonces los pilagá coexistían pacíficamente con los blancos y con el ejército; grupos toba y una una banda maká que había abandonado el territorio paraguayo al mando del cacique Capote respondían a Garcete. 

En 1919, se produce un sangriento ataque al Fortín Yunká, episodio conocido como "El último malón". En principio se le responsabiliza la acción a Garcete, lo que motiva una feroz represalia del ejército, unas 120 familias que le respondían fueron asesinadas. El cacique tuvo mejor suerte, fue liberado en el juicio. 

En 1925 lo encontramos en la Misión Taacaglé. 

La masacre de Yunká. 

El Fortín Yunká estaba compuesto de varios ranchos de adobe y paja, reforzados con trocos de palma. La comandancia, la cuadra, el depósito, la cocina y la enfermería eran construcciones independientes que rodeaban un patio. Estaba pensado para albergar unas ciento veinte personas, muy amplio para la veintena de ocupantes que tenía en 1919. El 19 de marzo de 1919 fue atacado, los agresores ultimaron con golpes de macana y degüello a todo el personal militar (7 hombres) y sus familias (3 mujeres y cinco niños), sólo salvaron sus vidas dos párvulos. 

Narciso Del Valle, jefe de la Gran Guardia Fontana, es la primera autoridad en llegar, sepulta a los caídos en una fosa común, en su homenaje se disparan tres salvas de fusilería y en una cruz inscribe: "19 de marzo de 1919. Muertos traidoramente por los indios". La opinión publica señaló a Garcete como autor de la masacre, los indignados militares hablan de una insurrección generalizada de 10.000 indios que responden al cacique, y deciden un inmediato escarmiento; ya, al día siguiente, Del Valle había dispuesto el fusilamiento de un hermano de Garcete aprehendido con anterioridad. 

La represión fue encomendada al mayor Enrique Gil Boy, un controvertido oficial que fue acusado por sus propios subordinados de abuso de autoridad por hechos posteriores. Llevó a cabo una marcha de casi un mes a través de una selva cerrada, apenas penetrable por estrechas abras, cruzando arroyos desbordados y zanjones pantanosos "sofocados por el calor agobiante, las garrapatas, los mosquitos y amenazados por las víboras, siempre temibles". 

Enrique Gil Boy 

Enrique Gil Boy El 28 de marzo la fuerza militar llegó a Yunká para iniciar desde allí la rastrillada. Al día siguiente una patrulla militar traía detenido al cacique Lagadick quien aseguraba conocer lo sucedido, haciendo responsable del mismo al cacique Garcete, cuya toldería era accesible por un sendero sólo conocido por los indios. Un hecho fortuito le hizo conocerlo y en la noche del 7 de abril llegó al campamento, que fue arrasado. Garcete logró huir con parte de su gente. En la toldería fueron hallados objetos pertenecientes al Fortín: zapatos, cubiertos, prendas de vestir, municiones y bolsas con yerba, maíz y tabaco de la cantina; pavas, hachas, ollas y medicamentos. 

Garcete fue tomado prisionero y traslado a la ciudad de Formosa. El cacique contrató al abogado Alcibíades Lotero, quien ante la falta de pruebas logró su liberación. 

Las causas y responsables del ataque a Yunká son difíciles de determinar. Una de las hipótesis rescata el suceso ocurrido pocos días antes de la masacre, cuando un indio de Garcete es sorprendido robando alimentos de una chacra de Fontana y resulta asesinado por un poblador. Detenido el criminal, fue puesto en libertad por la autoridad militar, hecho que predispuso mal a los pilagá y especialmente al Cacique, quien aprovecharía que la guarnición era la menos defendida para consumar la venganza, atreviéndose al ataque por tratarse de un lugar distante a su campamento, por lo que pensaba no recibiría represión alguna. 

Entre los objetos hallados por Boy en el campamento de Garcete, no se encontraron armas, ganados ni monturas del saqueo; en 1930, cuando un grupo de indios maká llegan al Fortín Lugones armados con con carabinas que llevaban impreso el escudo nacional argentino y, comparándose su numeración, se comprobó que eran las robadas en 1919 en Yunká. Aunque pudieron haber llegado a sus manos por venta o trueque de quienes se quisieran deshacer de ellas o lucrar, la responsabilidad se trasladó a los indios maká. A comienzos de 1919 se había quebrado la alianza entre los pilagá y la banda maká conducida por el cacique Capote, estos migran desde la comunidad de Chico Dawagan hacia Paraguay, hay hipótesis que en trayecto atacaron el Fortín. 

Una tercera hipótesis contempla la participación y responsabilidad conjunta de los aborígenes pilagá y maká, dirigidos por Garcete y Capote respectivamente.



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