domingo, 24 de septiembre de 2017

LAVADO ROQUE - ORDEN DE LOYOLA. Güemes y sus gauchos.


Sara Mata, en La guerra de Independencia en Salta. Güemes y sus gauchos, expresa que de las invasiones soportadas por Salta entre 1817 y 1821, la más peligrosa para el destino de la revolución fue la de José de La Serna en 1817. Su objetivo militar consistía en obligar a San Martín a abandonar Cuyo para auxiliar al Ejército estacionado en Tucumán, con lo cual el ejército realista que se encontraba en Chile cruzaría los Andes para unirse con el suyo, derrotar a las fuerzas militares porteñas y recuperar el virreinato del Río de la Plata. 

Dice Mata Mientras que La Serna se internaba en la provincia de Salta, José de San Martín emprendía el cruce de los Andes con destino a Chile. Comenzaban así a fallar las previsiones de los jefes realistas. Un mes después, el triunfo de San Martín en Chile, generó zozobra e incertidumbre. De todas maneras, debieron de haber evaluado la debilidad del ejército de Belgrano estacionado en Tucumán al no contar ya con la posibilidad de ser socorrido por el de San Martín y la importancia de sorprender y propinar una derrota que podría llegar a ser fundamental para recuperar al insurrecto virreinato del Río de la Plata. Estas consideraciones debieron de pesar en las disposiciones que el virrey Pezuela hiciera llegar a La Serna, ordenándole que si estaba en actitud y haciendo un esfuerzo como lo requería el caso, dispusiese un rápido movimiento con toda su fuerza sobre el Tucumán para deshacer la poca que tenía el General enemigo Belgrano, y se retirase después a su posición de Jujuy en observación de las conductas de los portugueses que se habían introducido hostilmente en Montevideo y Banda oriental del Río de la Plata y se creía que fuese en combinación con los de Buenos Aires y de mala fe, sin embargo de que al propio tiempo se estaban tratando los casamientos de nuestro Rey Fernando y el Infante Don Carlos con dos infantas Portuguesas. 

Pero avanzar hacia Tucumán resultó mucho más difícil de lo esperado. En la provincia de Salta una vez más, el control de la campaña quedó en manos de los gauchos y de Güemes, quienes impidieron el abastecimiento de la ciudad y de lastropas enemigas. A pesar de ello, una partida enemiga intentó llegar a Tucumán eligiendo para ello el camino menos frecuente ante la imposibilidad de hacerlo por el camino real de la frontera o a través del valle de Lerma dada la peligrosidad de las guerrillas gauchas. A sabiendas de que en el valle Calchaquí contaban con mayores adhesiones y que allí la insurrección no era tan generalizada, eligieron atravesarlo para bajar a Tucumán. Llegar hasta ese valle no resultó sencillo ya que para hacerlo debieron internarse varias leguas hacia el oeste por el valle de Lerma donde las milicias gauchas demostraron nuevamente su eficacia en hostigar a las partidas realistas. Acosados permanentemente, sin posibilidades de encontrar alimentos y diezmados, no se atrevieron a atravesar la quebrada de Escoipe, paso obligado hacia el valle Calchaquí. El retorno hasta Salta fue aún más fatigoso. Imposibilitados de avanzar, cuál era su intención y asediados en la ciudad de Salta, finalmente La Serna dispuso el retiro de sus tropas hacia el Alto Perú. 

La derrota sufrida por La Serna fortaleció aún más el liderazgo de Martín Miguel de Güemes, al demostrar la eficacia de las guerrillas gauchas para enfrentar al ejército realista. Las sucesivas invasiones realistas carecieron ya del sentido estratégico militar que alentaron a las anteriores de 1812, 1814 y 1817, limitándose a ser incursiones destinadas a proveerse de ganados y mulas. La guerra se transformó así en una guerra de recursos. 

Sintieron el peso de la misma los comerciantes y los hacendados de Salta. Los primeros porque no sólo vieron interrumpido el comercio con el Alto Perú sino porque también debieron realizar préstamos forzosos al Estado provincial para cubrir los gastos que demandaba el sostenimiento de los hombres movilizados y los segundos porque además de las confiscaciones de ganados se vieron privados del servicio personal y del pago de los arriendos de quienes se encontraban enrolados en las milicias. Facundo de Zuviría escribiría en 1818 que los hacendados ‘solo ven en los defensores de la patria, como en quienes la invaden, hombres que talan sus campos, destruyen sus frutos, arrean y consumen sus ganados y cargan sobre ellos inmensas contribuciones’. 

Mientras que la oposición de la elite al gobernador Güemes aumentaba y las conspiraciones en su contra involucraban incluso a sus capitanes y hombres de confianza, el temor que las invasiones realistas producían en el vecindario de Salta contribuía a preservarlo en el poder. Uno de los objetivos de Güemes era coordinar, como jefe de la Vanguardia del Ejército porteño, las acciones llevadas a cabo por las guerrillas altoperuanas. Era ésta también la aspiración de Manuel Belgrano, quien como general del Ejército Auxiliar del Perú confirmaba desde Tucumán los cargos militares de los insurgentes altoperuanos propuestos por Güemes. 

Tanto Martín Miguel de Güemes como Manuel Belgrano debieron aceptar la imposición de las jefaturas en las guerrillas admitiendo la imposibilidad de designar a sus jefes. Estas fuerzas irregulares trataron de todos modos de darse una estructura y organización militar. José Santos Vargas, tambor en la guerrilla de Ayopaya nos brinda en su diario relatos ilustrativos acerca de estos esfuerzos, de la manera en que elegían a sus jefes, de la participación indígena y de la importancia que tenía pertenecer al Ejército de Buenos Aires. 

Si bien el Ejército Auxiliar del Perú no retornó nuevamente a esos territorios, tanto Belgrano como Güemes abrigaron la esperanza de poder concretar una nueva expedición que fortaleciera en un movimiento de pinzas el avance de San Martín en el Perú. Las condiciones materiales del Ejercito Auxiliar acantonado en Tucumán y las limitaciones de Güemes para desplazarse hacia el Alto Perú, postergaron este proyecto. Güemes intentó, sin embargo, organizar acciones conjuntas con los jefes de la guerrilla de Ayopaya. En enero de 1821, los jefes realistas informaban al Ministro de Guerra acerca de los peligros que acechaban a la causa del Rey en el Alto Perú ‘No es Exmo., San Martín y sus satélites los únicos enemigos que tenemos. Son mayores y de más consideración los que por desgracia de esta guerra abundan ya en todas las capitales, pueblos y aún en las más pequeñas aldeas’. Luego de comentar cómo habían logrado abortar la sedición de tropas de la vanguardia realista que pretendían ‘asesinar al Comandante General, Jefes y Oficiales de la vanguardia y llamar después al caudillo Güemes que viniese a apoderarse del Alto Perú’, refiere acerca del complot destinado a contra revolucionar a Oruro, el cual fue descubierto por haber ‘sido interceptados en el despoblado de Atacama unos pliegos que el caudillo Chinchilla dirigía al de la misma clase Güemes’. El fin de este complot era, además de matar a todos los decididos por la causa del Rey y asaltar la Maestranza para proveerse de pólvora, fusiles y otros útiles de guerra, ‘llevarse la tropa y con ella engrosar la fuerte gavilla de Chinchilla y revolver las provincias de la Paz y Cochabamba y por consecuencia todo el distrito de Buenos Aires’. Frente a estas evidencias no duda en afirmar que ‘el plan de los enemigos es combinado y general’. 

La importancia de Martín Miguel de Güemes en la Guerra de Independencia que se libraba en territorio alto peruano incluyendo a Salta y Jujuy se evidencia en el tratamiento que le da Joaquín de la Pezuela, a la sazón virrey del Perú. En octubre de ese año siguiendo la Real Orden del 11 de abril de 1820 nombró Comisionados para que traten y conferencien con las autoridades de las citadas provincias del Río de la Plata’, con el fin de tratar el reconocimiento de la Constitución española. Entre las instrucciones que les entrega dispone sobre todotratarán de ganar por todos los medios posibles al Gefe de la Provincia de Salta D. Martin de Guemez pues la incorporación de este en nuestro sistema, acarrearía ventajas incalculables por su rango y por el gran influjo que ha adquirido sobre los pueblos de su mando. 

La crisis política que enfrentó a las provincias del ex virreinato con Buenos Aires en 1820 y la disolución del Ejército Auxiliar del Perú significó también, ante la inexistencia de un poder central, abandonar a su suerte a la provincia de Salta y a la insurgencia alto peruana que combatían a las fuerzas realistas, también ellas debilitadas. En ese contexto la oposición al gobierno de Martín Miguel de Güemes cobró impulso, expresa Sara Mata.

Grl Br (RO) Co.S.Int Don Carlos Gustavo Lavado Ruíz y Roqué Lascano Ph.D. Lazos familiares con el General Don "Martín Miguel de Güemes". i. ISAAC3 ROQUÉ GÜEMES, b. 1846, Córdoba, Córdoba, Argentina; d. 29 de marzo 1920, Córdoba, Córdoba, Argentina. 10. ii. ENRIQUETA ROQUÉ GÜEMES, b. 1847, Córdoba, Córdoba, Argentina. iii. CONSTANCIA ROQUÉ GÜEMES, b. 10 1849, Córdoba, Córdoba, Argentina; m. PABLO C BELISLE, 09 Jun 1892, Córdoba, Córdoba, Argentina; Matrimonio: Nuestra Señora del Pilar.


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